SALUD
 
Sábado, 18 Abril 2015

Por: Maricielo Acero

Casi todo el mundo ha oído hablar de diabetes y la mayoría tiene un familiar o conoce a alguien que presenta la enfermedad. Pero aunque cada día hay más conocimiento, muchos mitos se resisten a desaparecer. Lo peor es que estas falsas creencias pueden llevar a que la gente no se cuide para prevenir la enfermedad o a que los pacientes abandonen el tratamiento.

diabetes 1

Mito. La diabetes se cura

Realidad. No. Hasta el momento no existe cura para la diabetes, pero se puede controlar y así, evitar todas las complicaciones. Muchas personas piensan que si dejan de comer dulce, la enfermedad desaparecerá; esto no es verdad. Aunque la ingesta de azúcares y carbohidratos, que llevan al sobrepeso, influyen en el desarrollo de enfermedad, el problema radica en que el páncreas deja de producir insulina, no la produce en cantidad suficiente o las células del organismo no responden de manera adecuada a esta hormona, explica Johanna Barbosa, médica endocrinóloga y jefe del servicio de endocrinología de la Organización Sanitas Internacional. La insulina es como la llave que abre la cerradura para que la glucosa entre a la célula y las provea de energía. Por eso, el diagnóstico se hace cuando los niveles de glucosa en la sangre se elevan.

 

Mito. Es una enfermedad de viejos

Realidad. No. La diabetes tipo 2 se conocía como diabetes del adulto por la edad a la que aparecía y su asociación con los hábitos de vida. Ahora se relaciona directamente con la obesidad. De ahí que el incremento notorio de niños y adolescentes con diabetes tipo 2 ha desdibujado esa diferenciación de edades. Para la doctora Camila Céspedes, médica endocrinóloga adscrita a Colsanitas, lo complicado del panorama es que cuánto más temprano aparece la enfermedad, hay más riesgo de complicaciones y se convierte en una carga enorme para la sociedad y los sistemas de salud. La diabetes mellitus se ubica entre las principales causas de muerte temprana y discapacidad en todo el mundo, debido a que a largo plazo puede causar ceguera, mal funcionamiento de los riñones, del corazón y de los nervios que hacen que se pierda la sensibilidad en la piel y que desencadena en amputaciones, hipertensión arterial e infartos.

  

Mito. Los pacientes diabéticos deben pincharse todo el tiempo

Realidad. No. Muchos pacientes solo deben hacerse una glucometría al día en la yema del dedo para conocer en cuánto está la glicemia. Además, se trata de un proceso sencillo e indoloro, gracias a la distribución de dispositivos modernos y agujas ultrafinas que ahora están incluidos en el POS. Con las mediciones hechas en casa y en diferentes momentos del día se pueden realizar ajustes en el tratamiento, como variar la dosis del medicamento, hacer cambios en la alimentación o incrementar el ejercicio. El autocontrol es la única forma de que el paciente lleve una vida normal. Como complemento es necesario medir la glicemia con pruebas de laboratorio cada tres meses o según el criterio médico para un control más seguro de la enfermedad de acuerdo con los valores acordados por las organizaciones mundiales de salud, catalogados como límites normales.

 

Mito. Toda persona con diabetes tiene que ponerse insulina

Realidad. No. Para la diabetes tipo 1 o autoinmune, el único tratamiento que existe es la insulina porque se trata de una enfermedad en la que el propio organismo destruye las células de páncreas (células B) que producen insulina. Sin esa hormona el cuerpo no puede metabolizar o utilizar el azúcar de la sangre. En este caso el tratamiento consiste en sustituir la que el cuerpo no produce. Para la diabetes mellitus o tipo 2 hay fármacos, como la metformina, que se usan en combinación con dieta y ejercicio para controlar la enfermedad. Solo cuando los pacientes no responden de la forma esperada a estos medicamentos, se recurre a la insulina. De hecho, el uso oportuno de insulina previene las complicaciones. De cualquier forma, la persona diabética tiene derecho a decidir el tipo de cuidado que genere mayor beneficio. Debe elegir la comida, la actividad física, el monitoreo de las glucometrías, la administración de medicamentos (previamente acordada con el médico tratante) y todo aquello que contribuya a estabilizar las cifras de glicemia.

 

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Mito. La diabetes no mata

Realidad. Según la Federación Internacional de la Diabetes, cada siete segundos muere una persona a causa de la enfermedad y la Organización Mundial de la Salud afirma que el 50 por ciento de los pacientes con diabetes muere de enfermedad cardiovascular (infarto) o accidentes cerebrovasculares, las principales causas de fallecimientos en el mundo. La diabetes (con síntomas o sin ellos) es una condición grave, cuyas complicaciones pueden retrasarse o minimizarse si se hace un buen control de la glicemia y se evitan las demás variables que puedan empeorar la situación, como la hipertensión arterial, el sobrepeso o el aumento del colesterol en la sangre.

 

Mito. A los delgados no les da diabetes

Realidad. No. Aunque lo más común es que afecte a personas con sobrepeso, cualquiera puede desarrollar la patología, ya que este tipo de diabetes tiene una marcada predisposición genética y se relaciona también con la edad. Otro aspecto a tener en cuenta es que en los estados tempranos de la enfermedad la persona suele perder peso sin razón aparente. Solo cuando tiene el diagnóstico y empieza tratamiento logra estabilizarse. El inconveniente está en detectarla, pues el 50 por ciento de los individuos con diabetes no lo saben. Por eso, no todas las personas tienen el mismo riesgo, y pese a que la herencia favorece el desarrollo de la enfermedad, los aspectos relacionados con el modo de vivir y los hábitos alimenticios resultan definitivos.

  

Mito. Los pacientes con diabetes pasan hambre

Realidad. No. En el siglo pasado el paciente diabético tenía que privarse de muchas cosas, pero ahora debe tener un plan de alimentación fraccionado, que conste de cinco o seis comidas al día y que se ciña a un horario estricto (cada dos o tres horas). Es decir, debe hacer desayuno, nueves, almuerzo, onces, cena y refrigerio nocturno. Para sorpresa de muchos, la persona con diabetes puede consumir cantidades pequeñas de azúcar, siempre y cuando haga parte del recuento diario de calorías y tenga un buen control de la glicemia. El consumo de azúcar influye en la medida en que favorece el sobrepeso, pero no es la causa de la diabetes. Es más, lo más sano es que todas las personas sanas adopten una dieta similar a la del paciente diabético, con abundantes frutas y verduras, cereales integrales, frutos secos, uso de aceite de oliva y dulce pocas veces por semana. El plan de alimentación es un arma necesaria no solo para manejar la diabetes sino también para prevenirla.  

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 Ilustración: Germán gonzalez

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