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Por: Mónica Diago

Los zapatos altos estilizan la postura del cuerpo femenino, pero pueden resultar incómodos y hasta perjudiciales para la salud. Compartimos algunas recomendaciones para usarlos con clase y sin consecuencias que lamentar.

tacones web

 

Subirse a un par de lindos y espigados tacones genera placidez. Bajarse de ellos también. Los zapatos altos son uno de esos comodines que tenemos las mujeres para lucir más elegantes, formales e imponentes en cuestión de segundos. Claro, habrá quienes no les adjudican ninguna de estas cualidades a unos zapatos que obligan a la mujer a mantenerse por varias horas en puntas de pie, padeciendo una posición corporal antinatural. Ahora bien, y esto hay que entenderlo, ninguna mujer decide ajustarse un par de tacones sin un propósito puntual. ¡No tendría validez tal incomodidad!

Y aunque muchas ya no los padecen pues han acostumbrado sus pies, no se pueden omitir las certezas médicas que indican que su uso constante y sin interrupción puede causar traumatismos en el cuerpo. Aquí le contamos cinco aspectos que debe tener en cuenta a la hora de calzarse estos agraciados pero exigentes zapatos.

 

Efectos en la anatomía

Luis Guillermo Castro, ortopedista y traumatólogo en cirugía de pie y tobillo de la Universidad del Rosario y médico de Colsanitas, conoce muy bien las complicaciones que pueden generarse a raíz de un uso continuado de zapatos altos. Afirma que el uso constante de tacones puede generar daños en la columna lumbar baja, afectar la rodilla y producir daños en los dedos menores de los pies. Con el uso frecuente de tacones los músculos ubicados detrás de la pantorrilla y el tendón de Aquiles se acortan y se retraen; esto hace que las rodillas tengan que trabajar en flexión, y con el paso de los años será más difícil para la mujer caminar con zapatos bajos o sin tacón, pues el tendón estará retraído.

 

Moderación

No es necesario eliminar para siempre el uso de cualquier zapato de tacón, simplemente se debe buscar el tamaño ideal: “entre dos y cuatro centímetros de alto. No significa que los que tienen medidas superiores deban tirarse a la basura: esos zapatos altos deben ser usados en ocasiones especiales, pues son los que más maltratan los músculos”, afirma el doctor Castro.

 

Escoger el apropiado

No todos los tacones son aptos para cualquier mujer. La primera vez que usé unos stilettos (tacón puntilla) fue a mis 30 años y juré nunca más hacerlo en lo que me queda de vida. La sensación era algo parecido a tener alfileres en la planta del pie (durante las cuatro horas que estuve caminando con ellos). El ardor que sentí, incluso una vez me zafé de la tortura, me llevó a concluir que debo buscar unos tacones que no me dañen el genio ni la espalda. Y los encontré, no son igual de sofisticados que los stilettos pero me permiten moverme sin parecer Bambi recién salida del útero materno. Y, lo mejor, puedo sonreír al tiempo que camino. Son los zapatos de tacón grueso y ojalá plataforma delantera. Estos son los recomendados para las mujeres que no están acostumbradas a usar tacones, pues la plataforma delantera hace que la inclinación del pie no sea tan drástica, lo que genera mayor comodidad.

 

Qué dice la ciencia

Un estudio realizado en el 2015 por la Universidad Hanseo, en Corea del Sur, generó una conclusión que puede sintetizar el impacto de los tacones en las mujeres. Se estudió a un grupo de aspirantes a azafatas que debía atender sus clases en tacones. Las estudiantes de segundo y tercer año mostraban más fuerza en algunos músculos cercanos al tobillo, mientras que las que ya habían terminado sus estudios evidenciaban músculos más débiles y peor equilibrio que sus compañeras. Este experimento reveló que los tacones sí tienen un impacto palpable en la salud de la mujer, y que es preciso moderar su uso y escoger los más apropiados.

 

Ayudas

Existen ejercicios que pueden mitigar el efecto de los tacones en el cuerpo: estirar el tendón de Aquiles (el que une el talón con la pantorrilla) es uno de ellos. Puede hacerse ubicando una toalla alrededor del arco del pie, y estirándolo y recogiéndolo. Otro consejo muy fácil de aplicar es quitarse los zapatos cuando estamos sentadas, pues tenerlos puestos puede “alterar la longitud de reposo de los músculos y tendones del tobillo” afirmó para The New York Times el profesor de biología de la Universidad de Jyvaskyla, en Finlandia, Neil Cronin, experto en el tema.

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