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Por: María Gabriela Méndez Fotografías: Jorge Andrade Blanco

Tiene 21 años y está empeñado en colgarse una medalla olímpica. Para lograrlo, se somete a prolongadas rutinas de entrenamiento de lunes a domingo. Sus hazañas deportivas son muchas, y su talento lo hace un fuera de serie. Este es el mejor gimnasta de la historia de Colombia.

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“Lentejita”, el apodo con el que lidió de niño, atendía a su aspecto diminuto y frágil, una estampa que dista mucho del Jossimar de hoy. Eran los tiempos en que intentaba dar giros y lanzar patadas poderosas en el aire, imitando a Jean-Claude Van Damme. Eran los tiempos en que su padre ya se había ido, y su madre enloquecía con un niño de cinco años que no paraba de brincar y hacer cabriolas y volteretas por toda la casa.

Por sugerencia de una profesora, su madre, Nohora Moreno, lo inscribió en un plan vacacional del Instituto de Recreación y Deporte de Norte de Santander. Al segundo día, la profesora le dijo: “Está para que me enseñe a mí”, pensando que ya había recibido clases de gimnasia. Fue ella quien olfateó el talento innato del niño y lo puso en contacto con el entrenador Jairo Ruiz Casas, artífice de los grandes gimnastas de Colombia y quien ha sido instructor de Jossimar durante 16 años. 

En 2011 hizo que el mundo se fijara en su talento cuando ganó una medalla de oro y una de plata en los Juegos Panamericanos de Guadalajara. Tenía 17 años y el futuro se abría frente a sus ojos. En su brazo izquierdo quedó el sello de ese glorioso comienzo: “Guadalajara 2011 Pan American Games Champion Gymnastics. Luego se lee: “Believe in your self”. Una frase que podría resumir parte de la fórmula detrás de su éxito.

Su mirada, ahora, está puesta en los Olímpicos. Aunque la selección de gimnasia no logró meterse entre los 16 primeros del mundo, Calvo ganó un cupo en la competencia que se celebrará en Río de Janeiro. El sueño de ser el gimnasta más reconocido de Colombia, esa meta clara desde los siete años, empieza a coger forma.

Jossimar es tímido y habla poco. Pero esta noche, después de cumplir compromisos en Bogotá, luego de una larga jornada, tiene toda la disposición de extenderse en cada respuesta, como si no fueran las 9:30 de la noche, como si no tuviera que levantarse a las 5:00 de la mañana. Pero él está acostumbrado a lidiar con el cansancio y las dificultades.

Su rutina diaria agota de solo mencionarla: entrena por la mañana y después de mediodía. Luego sale un poco antes de las seis de la tarde rumbo a la universidad, donde tiene clases hasta las diez de la noche. Cuando vuelve a casa, cena y alista sus cosas para el próximo entrenamiento. Así, pronto tendrá su diploma en Tecnología Deportiva. Pero las cosas no terminan allí: cada quince días, los sábados, ve a distancia las clases para una licenciatura en Educación Física de la Universidad de Pamplona. Está cansado, pero tiene energía para sonreír.

 

La vida de un atleta de alta competencia es difícil, no hay descanso. ¿Qué es lo más duro?

Exige mucho y a la vez toca cuidarse mucho. No se puede trasnochar, no hay mucha vida social. Uno se acostumbra a la rutina de entrenar ocho horas diarias. Pero hay momentos para salir de la rutina, estar con los amigos, jugar.

 

En otras entrevistas ha hecho referencia a eso y a que no tuvo infancia. ¿Se arrepiente de eso?

No, porque la verdad estaba haciendo algo que me agradaba, que me llamaba la atención. Como todo, uno pasa por  buenos momentos y momentos críticos. Pero pienso que ha valido la pena. Empecé a los cinco años, no tuve infancia pero no es algo que me haga falta ahora. Este es un deporte donde se empieza a muy temprana edad y se quema la infancia. A veces, con los niños del gimnasio, me salgo un rato de ser deportista y tomo ese papel de niño, juego con ellos. Ellos se divierten y a mí me agrada mucho.

 

La gimnasia empezó como un hobby, una manera de usar la energía adicional. ¿Cómo descubrió que podía ser un camino profesional?

Cuando empecé a tener un nivel y resultados y a ser un buen deportista, me mentalicé. Cuando se está todo el día entre el gimnasio y el colegio y no quemas la etapa de la infancia hay algo que ganas que es la madurez. Maduras muy rápido. Mientras un niño de ocho años está jugando con carritos o muñecos, en nuestro caso un niño está pensando en competencia, en ser un gran deportista, lograr cosas a futuro, motivarse. Nos aislamos un poco del juego para esforzarnos en el entrenamiento.

 

¿Por qué decidió estudiar en la universidad?

Me gusta el estudio. Y el deporte es un cuarto de hora. De pronto tienes tu momento, pero cuando se acaba, se termina con las manos vacías si no estudias. Mientras que si pones el empeño y te esfuerzas en hacer ambas cosas, cuando se termine una queda la otra. Ese ha sido siempre mi pensamiento y muchas personas me lo han dicho: que nunca deje el estudio aunque sea poco a poco.

 

¿Cómo es la vida universitaria después de entrenar todo el día?

Es muy difícil pero lo bueno es que los profesores lo entienden a uno y son un poco más flexibles con nosotros. Pero es muy poco tiempo el que queda para estudiar.

 

¿Se ve ejerciendo esas carreras en el futuro, como entrenador?

La verdad, no me he visto en el futuro. Me enseñaron y aprendí a vivir del presente. Uno a veces imagina y se ve en un futuro pero a veces las cosas no salen como uno quiere.

 

¿De dónde sale esa fuerza, el espíritu de sacrificio para superarse a sí mismo?

Todo sale de mi mamá. El apoyo y el estímulo que me ha brindado ella. Vengo de una familia muy humilde, de padres que se separaron cuando yo tenía cinco años. Toda la vida mi mamá ha cumplido el papel de padre y madre, no ha sido muy fácil pero ha sido una gran persona que Dios me puso en mi camino. Pasamos por muchas dificultades y yo veía que ella se esforzaba para que no me faltara nada. Fuera poco o mucho. No tenía lo que tenían otros niños y que yo anhelaba. Pero estaba contento y feliz del esfuerzo que hacía mi madre. De ella viene mi fuerza.

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Habla siempre de su madre y de su entrenador porque ambos han sido un pilar fundamental en su carrera. ¿Cuánto de ellos hay en tus logros?

Son pocas las personas que yo creo muy importantes en mi vida o que me han ayudado a surgir. Mi madre es una y mi entrenador, Jairo Ruiz, es otra. Pero hay otra persona con la que me formé que es mi otro entrenador: Denis Beltrán, encargado de los semilleros.

 

¿Qué ha significado el ex gimnasta Jesús Romero en su carrera?

Él ha sido otra persona muy especial para mí. Compartí muchos momentos con él, me ayudó mucho. Fue como un papá, él me apoyó, me llevaba a los entrenamientos. De hecho le pido la bendición. Ha sido una gran persona, un gran deportista. Luego del accidente ha demostrado gran fortaleza, ha salido adelante: es abogado, y hoy es uno de los mejores en boccia, un deporte paralímpico. Ha ganado medallas en Juegos Panamericanos y Nacionales. Gracias a esas personas estoy aquí. Muchas veces de tanta exigencia quise como tirar la toalla, y ellos me apoyaron.

 

Cuando ocurrió el accidente que dejó cuadripléjico a Jesús Romero mientras entrenaba, usted tenía siete años. ¿Tuvo miedo de seguir con la gimnasia luego de eso?

A esa edad no, pero sí más adelante. El profesor Jairo Ruiz tenía dos gimnastas muy buenos: Giovanni Quintero, que llegó a ser cuarto en el mundo, y Jesús Romero, ambos estaban en la disputa de llegar a una olimpiada y tenían lo suficiente para llegar. Pero lastimosamente no se dieron las cosas. Primero fue el accidente de Jesús Romero entrenando y después el de Giovanni Quintero en una moto. Fue un golpe muy duro para mi entrenador. De ahí empezó un nuevo proceso que estamos llevando ahorita esta nueva generación, donde estoy yo.

 

¿Cómo ve ahora esos accidentes?

Fueron cuando ellos tenían 18 y 19 años. Hace como cuatro años que yo estaba por tener esa edad, sentí temor. Ver a esos dos grandes gimnastas después de ser mayores de edad, que se les había acabado su futuro deportivo... muy duro. Muchas veces pensaba si me iba a ocurrir lo mismo y de qué manera, cómo iba a quedar, cómo iba a ser el accidente. A diario pensaba en eso. Estuve en terapia con el psicólogo, fue un tiempo en el que no me iba muy bien en los entrenamientos, quizás por eso. Pocas personas saben esto...

 

¿Cómo lo superó?

Pude superar ese miedo. Y a veces tengo miedos pero intento no pensar en eso. Intento ignorar esos pensamientos. Un psicólogo me dijo que cuando uno piensa mucho en cosas negativas, las atrae. Me dice que hay que pensar en positivo.

 

Un atleta de alta competencia debe trabajar los músculos tanto como la mente. ¿Cómo ha sido ese entrenamiento?

Llevo varios años trabajando la parte psicológica. Hay que aprender a controlar los nervios, el cansancio, cuando te bloqueas y no salen las cosas, cuando te da miedo. Antes trabajábamos solo la parte física, pero llegó un momento en el que con mi entrenador vimos la necesidad de hacer terapia psicológica. Así aprendí mucho: a reorganizar mis cosas, a ir paso a paso, aprender a visualizar, a respirar. Todo eso se aplica a la hora de competir y ha dado su efecto, fue un cambio positivo. Visualizar el trabajo que uno hace a diario. Hago unas piruetas muy extremas, uno tiene que estar muy concentrado. Es un deporte de arte y precisión. Siempre se tiene que estar con los cinco sentidos. Si falta uno, pueden ocurrir lesiones.

 

Ha dicho que los tatuajes que tiene en la espalda, el rostro de su mamá y el de Cristo, lo protegen de lesiones. ¿Es supersticioso?

Soy religioso, católico, creo mucho en Jesucristo y en la Virgen María. Siempre digo que todo lo que logro sea para gloria de Dios. Sí me he lesionado, pero Dios es tan grande que no ha permitido que sean lesiones graves. El tatuaje de mi madre me lo hice el 4 de diciembre de 2012. Quería hacerme algo especial para ella. Todavía no está terminado, faltan detalles porque no ha llegado el momento de terminarlo. Y el de Jesucristo me lo hice el 12 de marzo de 2013. Ellos han sido mis protectores, por eso quiero idolatrarlos en mi piel. Me gusta el arte del tatuaje.

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¿Qué significa que la nueva ley del deporte lleve su nombre?

Es un gran honor y una gran felicidad para mí, que me ha brindado el señor presidente. Espero que esta ley sirva para todos los deportistas en Colombia, para beneficiarlos en seguridad social, estímulos económicos, implementos deportivos, escenarios. En Colombia hay el nivel pero hay departamentos que no tienen una buena implementación. No tienen un buen escenario y no hay como la ayuda necesaria para que ese deportista salga adelante; puede tener las ganas, el amor y la pasión, pero si no se tiene una buena implementación, no se puede. Esperamos que la aprueben y ver los cambios. También falta un mayor compromiso de la empresa privada.

 

La gimnasia es el arte de la perfección. ¿Usted es perfeccionista?

Cuando suelo serlo no me salen las cosas. Pienso que uno aprende de los errores y del fracaso y no siempre uno es perfecto, somos imperfectos y así vive uno.

 

¿Cómo asume las equivocaciones?

En un momento hay tristeza, de pronto algo de decepción porque no salen las cosas como las tengo planeadas. Pero las equivocaciones te brindan un momento para reflexionar, ver qué se hizo bien y qué se hizo mal, qué se puede mejorar. Eso hago cuando fracaso.

 

Jairo Ruiz dijo que para un deportista como usted no existe el dolor ni el cansancio, solo exigencia. Que usted y los deportistas de su categoría estaban acostumbrados a sufrir. ¿Es así?

Hay una frase que me enseñó un psicólogo y que me repito siempre: el dolor es temporal. Puede durar un minuto, puede durar días, meses, años. Todo está en la mente, en cómo lo manejes. Muchas veces he competido con dolor, he entrenado cansado, he competido cansado, y es donde hay más esfuerzo y se ve el resultado. Siempre hay que ir más adelante, superarse a sí mismo. 

 

 

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